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¿Cómo saber cuándo es el momento de una reforma integral?

Una reforma en una vivienda se nos puede plantear en cualquier momento, independientemente del estado de ésta. Así, si es una vivienda de protección oficial, puede que los acabados no nos convenzan y queramos adaptarla a nuestras necesidades, o en el caso de las reformas integrales en Barcelona, donde zonas como el Eixample está repleta de pisos de estilo tradicionalista, queramos modernizar su apariencia. ¿Cuándo entonces debemos plantearnos una reforma integral?

5 momentos o situaciones en los que debemos plantearnos una reforma integral

Cuando la vivienda no responde a nuestro estilo

Nuestra vivienda debe ser una extensión de nosotros mismos: si somo de ambiente clásico, un salón majestuoso en el que incluso integrar la terraza a modo de luminoso ventanal, puede ser lo que necesitemos, mientras que si somos más vanguardistas, estancias abiertas, cocinas integradas en el salón o espacios abiertos independientes es lo que puede apetecernos con más insistencia.

Lo que nunca debemos caer en el conformismo de: “mi casa se construyó a mediados del s.XX, debo respetar el suelo hidráulico” o “el salón se me llena de olores cada vez que cocino”. Una reforma integral tiene como finalidad cubrir estas necesidades, y si está a nuestro alcance, ¿por qué privarnos de ellas?

Cuando la vivienda presenta desperfectos

Hay desperfectos propios del paso del tiempo, y otros que se deben simplemente a una mala construcción. En cualquiera de los dos casos, en la medida que podamos resolverlos por nosotros mismos debemos acudir a una reforma que nos ayude por ejemplo a un mejor aislamiento de suelos, techos y paredes, que refuerce la estructura a la par que ofrece una estancia estética y confortable o en definitiva que no solo disimule, sino que repare aquello de lo que nuestra vivienda puede verse dañada.

Cuando intervenimos cocina + cuarto de baño

Es la dupla perfecta de las reformas, las dos estancias más funcionales de la vivienda más allá del dormitorio. Con ellas, aunque no supongan la totalidad de la vivienda, se mueve mucho material, se abren instalaciones… en definitiva, se lía una buena antes de poder disfrutar de sus comodidades. Por ello, una vez planteado meternos en tal obra, ¿por qué no hacerlo extensible al resto de la vivienda? Por otra parte podríamos unificar estilos o añadir las comodidades que pensábamos para estas dos estancias al resto, como la climatización, la carpintería, etc.

Cuando han pasado décadas de la anterior reforma

Un piso nuevo por comodidad, por ahorro después de lo desembolsado, puede que no nos haga plantearnos una reforma integral si el piso se presenta a estrenar y para entrar a vivir, por mucho que no nos encaje en el estilo. Lo que sí, que pasado unos diez años, tanto las innovaciones como los estilos nos pueden hacer desear / necesitar una reforma que devuelva el brillo y la ilusión de vivir en ella a nuestra vivienda. ¿Alguien se imagina aún a día de hoy con esas cocinas y salones propios de los 70 recargados y llenos de motivos psicodélicos incluso presentes en la solería y en los azulejos?

Cuando el gasto de mantenimiento supera el de la reforma

Hay viviendas mal aisladas que nos hacen gastar mucho en calefacción en invierno y en aire acondicionado en verano, así como otras cuya distribución llenan de oscuridad ciertas estancias que nunca quedan del todo iluminadas ni confortables en este sentido.

Si sumamos el gasto anual de más en las facturas de los servicios de luz y gas, seguramente al poco gastaremos más en estos que contar con una reforma que mejore los aislamientos y la climatización. Lo mismo ocurre con las viviendas cuya calificación energética es superior a C.

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