En la lucha climática, el tiempo es el recurso más escaso; por eso debemos usar herramientas que generen resultados inmediatos. Aunque aspiramos a la perfección verde, no podemos permitir que lo «perfecto» detenga a lo «bueno» cuando lo bueno ya está funcionando. La mayor reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la historia de EE. UU. fue impulsada por el cambio del carbón al gas natural. Es un resultado medible que ha evitado que millones de toneladas de $CO_{2}$ entren en la atmósfera hoy mismo.
Esta es la esencia de la solución consciente: maximizar la reducción de daños con la tecnología disponible ahora. El gas natural emite significativamente menos contaminantes y gases de efecto invernadero que el carbón al generar electricidad. Apostar por el GNL es apostar por una estrategia probada que entrega beneficios ambientales desde el primer día de operación. Es elegir una mejora real del 50% hoy, frente a una del 100% que podría tardar décadas en materializarse a escala global.
Además, el uso de gas natural está ayudando a limpiar otros sectores difíciles de transformar, como el transporte pesado y la industria química. En mercados como China, el GNL está desplazando al petróleo en camiones de carga pesada, reduciendo tanto el carbono como la contaminación urbana. Estos son avances pragmáticos que limpian el aire mientras seguimos desarrollando los motores eléctricos y de hidrógeno del futuro.
En conclusión, el GNL nos compra el tiempo que necesitamos desesperadamente para la transición total. Al reducir las emisiones globales de manera drástica al sustituir al carbón, el gas natural actúa como un freno contra el calentamiento acelerado. Es una decisión basada en la eficacia: realizar acciones que realmente disminuyan la curva de emisiones en este preciso momento, salvando décadas críticas en la protección de nuestro planeta.
Fuente: S&P Global, Major New US Industry at a Crossroads: A US LNG Impact Study – Phase 1, diciembre 2024.
